Fourth Sunday in Ordinary Time

January 28, 2018

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January 28, 2018

Fourth Sunday in Ordinary Time

Maria

Cimperman, RSCJ

 “If today you hear God’s voice, harden not your hearts.”

What would it take?

To believe?

To change your life?

To risk for the sake of the Good News?

In today’s Gospel we hear that Jesus taught in the synagogue and the people were astonished, amazed.

People saw the difference between the scribes and Jesus. Something was authentic, clear, true. Speaking with authority wasn’t about external power but an internal resonance, depth – Jesus knew something deep down. When you hear truth, you know it. They were meeting Truth, in Love.

Jesus also healed – he exorcised a demon here.

He healed the vulnerable among them.  The dark spirit recognized him as the Holy One of God, and saw something would change as a result. It did!

Jesus’ fame spread throughout the land – and people were amazed.

But is that enough? To be amazed? Must it not also lead us somewhere?

Years ago, when I was between doctoral coursework and my dissertation, I had the privilege of a summer in Ghana, West Africa with Dr. David Abdulai and his family. Dr. Abdulai was a Ghanaian physician working in Tamale, in the western region of the country, a place without many resources and certainly not many doctors. His story was amazing. As I remember it, he was a street kid when some Catholic sisters encountered him and helped him with his education. He eventually went to medical school and then further training in Europe.

He returned to Ghana and had a plum position as a doctor for Germans working in the capital, Accra. He married a wonderful woman who was a nurse.

Their faith was important to them, and they regularly prayed together. At one point their prayer led them to discern a call to the margins where health care was harder to come by. They went to Tamale, the other side of the country, and they started Shekinah Clinic, a free clinic.

People traveled from all over, walking hours upon hours to line up for care. At one point, seeing the need, Dr. Abdulai asked each of the surrounding villages to build a hut for people to stay in while they were awaiting treatment on the clinic grounds. The huts were open to any and all in need. He started to build community. He built bridges between traditional medicine healers and more Westernized medicine– because each had something important to offer. 

I was in awe. 

One day as we were driving to a gathering, I said, “What you are doing is amazing, Dr. Abdulai! Why are others not doing more of this?”

His answer: 

“Exactly because of what you said. You say this is amazing. This is not amazing. This is simply the Gospel.” He followed with, “If you say this is amazing, then often enough you don’t have to do it. But it’s the Gospel. And we must.”

What does it take?

Yes, some simply saw and were amazed.

Some responded.

Our Gospel today is a wonderful ‘in-between’ passage, because just a few lines earlier in Mark we read of the call of the disciples.  They saw, they heard Jesus’ call, and they followed.

And immediately after (today’s passage) Jesus taught in the synagogue and exorcised the demon. Jesus went with Peter to the house of Peter’s mother-in law, who was sick. Jesus healed her. And then she served. Service was her natural response. By the end of that evening we hear that the whole/entire town came to the door  - and Jesus healed.

We too are in an ‘in-between’ time.  We are between the beginning of the New Year and the beginning of Lent. Both are times that invite us to growth. And Jesus is eager to encounter us. 

“If today you hear God’s voice, harden not your hearts.”

 

Jesus desires to encounter us, right here and now, asking for more than amazement. As Pope Francis so beautifully writes in The Joy of the Gospel:  “I invite all Christians, everywhere, at this very moment, to a renewed personal encounter with Jesus Christ, or at least an openness to letting him encounter them”(#3).

What follows this?  Missionary discipleship.

 

In this ‘in-between time’ and in the midst of much happening in our nation and world today, a question asked of us is

“Where does the Gospel needs to be preached today – whether as a resistance to wrongs and evil spirits or in support and creation of right and good in our part of the world today?”

Let’s not simply be amazed. Let’s act also.

What would it take?

To really believe? To act?

To ever more pattern your life on his life?

To be the Good News  to all we meet.

In between our readings the psalm response for this Sunday is: “If today you hear God’s voice, harden not your hearts.”

That’s the start. Openness to encounter.

Pray to be open(ed). God is eager, present.

What will move?

Everything -- from how you see others and creation to how you respond to needs and longings. 

“If today you hear God’s voice, harden not your hearts.”

It will take you beyond amazement - to proclaiming by our words and deeds, the Good News that overcomes evil spirits, heals and creates anew.

And so, shall we go? Together.

Yes, together, with the Risen Christ, we go!

Amen!

 “Si hoy oyen la voz de Dios no endurezcan sus corazones"

¿Qué tiene que suceder?

 ¿Para ser creyente?

¿Para cambiar nuestras vidas?

¿Para tomar el riesgo a causa de la buena noticia?

En el evangelio de hoy vemos que Jesús enseño en la sinagoga y la gente se quedo atónita y asombrada.

La gente se dio cuenta de la diferencia entre los escribas y Jesús. En Jesús veían algo autentico, verídico, claro. El hablar con autoridad no era solo tener poder externo, sino tener profundidad interna. Jesús tiene ese algo profundo y cuando uno oye la verdad, uno lo sabe.  La gente estaba conociendo la Verdad en el Amor.

Jesús también sanaba – exorcizo un demonio.

El sano a los vulnerables. El espíritu oscuro reconoció a Jesús como el Santo Único de Dios, y vio que algo cambiaria gracias a Jesús. ¡Y algo cambio! La fama de Jesús se rego a través de la tierra y la gente estaba asombrada.

¿Pero, es suficiente? ¿El estar asombrado? ¿No debía esto también llevarnos a algún lugar?

Hacen muchos anos, cuando estaba entre cursos de mi doctorado y mi disertación tuve el privilegio de pasar un verano en Ghana, en el oeste de África con el Doctor David Abdulai y su familia. El Dr. Abudulai era un medico ghanés trabajando en Tamale, en la región oeste del país, un lugar con escasos recursos y menos médicos. Su historia es asombrosa. Me acuerdo que me dijo que de niño callejero unas religiosas católicas lo encontraron, y le ayudaron con su educación. Eventualmente fue al colegio médico y  luego mas entrenamiento en Europa.

Volvió a Ghana donde tenía una buena posición trabajando con unos alemanes en la capital de Accra. Y se caso con una mujer estupenda que era enfermera.

Para ellos la fe era importante y regularmente oraban juntos. En un momento dado, la oración los llevo a discernir un llamado a las márgenes, donde el tratamiento médico es más difícil de encontrar. Se fueron a Tamale, al otro lado del país, donde abrieron la Clínica Shkinah, una clínica libre.

La gente venía de todos lados, caminando por horas para hacer fila para tratamiento. Viendo la necesidad el Dr. Abdulai le pidió a los pueblos que rodean a Tamale que cada uno construyera una caseta para la gente que aguardaba tratamiento en la clínica.  Las casetas estaban disponibles para todo el que la necesitara. El Dr. estaba creando la comunidad. El construyo puentes entre los curanderos tradicionales y los médicos del oeste – porque cada uno tiene algo importante que ofrecer.

Me quede asombrada.

Un día íbamos de camino a una reunión, y dije, “¡Lo que usted está haciendo es asombroso Dr. Abdulai! ¿Porque no lo están haciendo otros?

El contestó:

“Exactamente por lo que has dicho. Dices que esto es asombroso, esto no es asombroso, esto es el evangelio.” Y siguió diciendo, “Si decimos que eso es asombroso muy a menudo pensamos que nosotros no tenemos que hacerlo. Pero es el evangelio y TENEMOS que hacerlo.”

¿Qué tiene que suceder?

Si, algunos sencillamente vieron y se asombraron.

Algunos respondieron.

El evangelio de hoy es un maravilloso pasaje ‘entre otros’, porque en solo unas líneas anteriores en Marcos leemos acerca del llamado a los discípulos. Ellos vieron, escucharon a Jesús, y lo siguieron dejándolo todo.

Inmediatamente después de la lectura de Jesús enseñando en la sinagoga y exorcizando los demonios, el se fue con Pedro a la casa de la suegra de Pedro quien estaba enferma. Jesús la curo. Y entonces ella les sirvió porque el servicio era su respuesta natural. Al concluir esa noche estaba el pueblo entero clamando a la puerta – y Jesús los curaba.

Nosotros también estamos en tiempos ‘entre otros’. Estamos entre principios del año y la temporada de Cuaresma. Ambos tiempos nos invitan a más profundo crecimiento y Jesús está entusiasmado por tener un encuentro con nosotros. 

 “Si hoy oyen la voz de Dios no endurezcan sus corazones"

Jesús quiere tener un encuentro con nosotros, aquí, ahora, y quiere que sea más que nuestro asombro. El Papa Francisco escribió en La Alegría del Evangelio: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso” (3).

¿Y entonces que sigue?  El discipulado misionero.

En este tiempo ’entre otros’ y en el medio de todo lo que está sucediendo en nuestra nación y el mundo de hoy, se nos hace esta pregunta;

“¿Dónde hay que predicar el evangelio hoy día – ya sea para resistir lo incorrecto y espíritus malignos o en la creación de lo que es bueno y correcto para el mundo de hoy?”

No seamos simplemente los asombrados. Actuemos tambien.

¿Qué tiene que suceder?

 ¿Para que actuemos?

¿Para que nuestras vidas reflejen más verídicamente la de Él?

Para que seamos la buena noticia para todos los que conozcamos.

Entre medio de las lecturas de hoy el salmo responsorial para este domingo es:

“Si hoy oyen la voz de Dios no endurezcan sus corazones”.

Y así empieza, estar disponibles al encuentro.

Rezar para que estemos disponibles al encuentro. Dios está ansioso y presente.

¿Y entonces que moverá?

Todo – desde la manera en que vemos a otros y la creación, hasta como respondemos a las necesidades y anhelos.

“Si hoy oyen la voz de Dios no endurezcan sus corazones”.

Nos llevara mas allá del asombro – a proclamar con nuestras palabras y acciones la buena noticia que se sobrepuso a los espíritus malévolos y que sano y creo de nuevo. 

¿Y pues, vamos? ¿Juntos?

¡Si, juntos con el Cristo resucitado, vamos!

¡Amén!

First Reading

Dt 18:15-20

PSALM

Ps 95:1-2, 6-7, 7-9

Second Reading

1 Cor 7:32-35

GOSPEL

Mk 1:21-28
Read texts at usccb.org

Maria Cimperman, RSCJ

Maria Cimperman is a Religious of the Sacred Heart of Jesus (RSCJ). She serves as Associate Professor of Theological Ethics and the Director of the Center for the Study of Consecrated Life at Catholic Theological Union (Chicago). Her work is at the intersection of moral theology, social ethics and spirituality.

Love of God and love of neighbor converge in the desire to respond to the cries of the people and the cries of the earth – the wounded heart of humanity and earth where God already is and where God is calling us.

Maria is passionate about creating communities of hope on a global scale, linking across religious families and with all in common cause for the transformation of the world for a more just, merciful and loving local and global community.  

She is writing a book on Religious Life For the 21st Century. Additional research and writing interest include:  peacebuilding and reconciliation; moral imagination and the arts; communal discernment.  Maria presents both nationally and internationally and finds it a grace to engage with people on conversations of consequence. She enjoys immersing in other cultures to see, hear and imagine the new emerging.

 

More:

Social Analysis for the 21st Century: How Faith Becomes Action (Maryknoll, NY: Orbis, 2015) [book];

“Hope Encounters: Consecrated Life for Our Times” Origins (Vol 45 (2) May 14, 2015 pp19-26 – Also found online at: file:///Users/mariacimperman/Downloads/1185-Article%20Text-5715-1-10-20150920.pdf  [article]

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