Seventeenth Sunday in Ordinary Time

July 30, 2017

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July 30, 2017

Seventeenth Sunday in Ordinary Time

Maria Teresa

Gastón

It was two years ago this weekend that I found myself alone in our house of 17 years having to prepare it for sale. John, my husband, had left already for a new start six states away.  We had discerned this move together leaning on our old Ignatian methods and even incorporating some new methods of problem clarification for creative decision-making I’d learned in my PhD studies. The reasons for moving made sense – closeness to family and new work, but my heart had not consented.

The stress of getting the not up-dated 1953 house ready, including removal of broken basement tile and 12 years of Suzuki violin lesson notes, felt equivalent to the gut-wrenching of my comprehensive exams. The outpouring of loving help from friends who daily hauled away things to Goodwill or to the storage unit, others who cleaned the oven, painted, scraped tile, packed art, and took berries and perennials to replant in their yards filled me with overflowing gratitude and also made the goodbye all the more painful.

I tried to understand why it was so difficult to leave. As an immigrant from Cuba, I had not lived anywhere longer in my life. We raised the three boys in this community and as a leader I had grown tremendously in my ministry with colleagues at Creighton. Just the January before, I graduated with my PhD in organizational psychology.  The years in Omaha were a treasure. The future was fuzzy.

When the pain of leaving was particularly acute, a wise friend urged me to be open to the new. That hit me, that simple word of advice. She made it sound so easy, “be open to the new.” I felt the resistance in me like the clay dirt in this North Carolina soil that resists the seeds I want to plant in the garden in our rented house. Here, I experienced anxiety I had not known and lost weight. I was having trouble trusting that somehow all things would work together for the good. I tried to “offer it up” as my Mami had taught me to do with painful experiences. I prayed in solidarity with Syrian refugees and other displaced persons losing their homes under forced and violent conditions. I made a conscious choice to trust my life partner who was clearer about the rightness of this step and chose to join him daily in his discipline of 20 minutes of morning Centering Prayer.

Long ago I made a life choice for partnership with this man who loves God’s commands. We entered freely into a covenant where we stated the intention to grow with each other “toward the fullness of love, freely witnessing to the presence of God in this world.” We vowed to be “faithful in freeing each other to respond to the Spirit deep within, for our good and the good of the human family.”  Today’s  readings spoke to me about this marriage covenant and our on-going practice of discernment in life, sitting down regularly alone, as a couple, and with the kids, to examine the good and the bad and to put the good in buckets, to learn from and treasure.  

Biblical scholars are pretty sure the evangelist Matthew was referring to the Jewish scriptures and tradition as “the old” being brought out of the storehouse by the scribe discipled in the kingdom of heaven and Jesus’ teaching about the reign of God as “the new.”   Some scholars think the old includes Jesus teaching and the new is what came after Jesus’ crucifixion for the Spirit-led community facing all of the challenges of being faithful and living the standards of the reign of God in the world.

Openness to the new in this transition of my life has come slowly for me this time, but it has slowly come. I have a very interesting job where I can draw from the ‘storehouse of the old and the new’ – inside and around me. We are living close to a dynamic and gifted young couple, our son and his wife, both in public justice ministries with two young children we are growing to know and adore (along with the chickens in the yard and the hipsters all around in Durham.) 

I appreciate in a new way the tension and dance of drawing from the old and discovering, creating, and pushing out the integrative new. We are in such a time. It feels urgent, to draw from deep wisdom from ancient practices of integrative wellness, community, healing and justice-making and to include the earth in our horizon of impact.

Do you understand all these things? Jesus asks us. How much I wish I could say a confident ‘yes’ as Matthew describes the disciples as responding. It is such a confusing time.  

Give your servants understanding hearts, O God. We know we are called according to your purpose and we are being conformed to the image of your Son. We have made life options to choose your reign above all else. Show us how to do this in partnership. Help us witness to your faithfulness in our covenants of love. We love your commands.  Strengthen us in caring for each other and the earth. 

Hace dos años este fin de semana, me encontré sola en nuestra casa de 17 años con la tarea de prepararla para vender. Juan, mi esposo, se había mudado ya para comenzar la nueva vida a seis estados de distancia. Su trabajo empezó antes que el mío. Habíamos discernido juntos esta mudanza con los métodos ignacianos antiguos, e incorporando algunos métodos nuevos de clarificación de problemas para hacer decisiones creativas, cosa que había aprendido en mis estudios de psicología.  Las razones para mudarnos tenían sentido: cercanía a la familia y nuevos trabajos; pero mi corazón no había consentido.

Preparar la casita para vender incluía la tarea de remover las cosas rotas del sótano así como años acumulados de notas de lecciones de violín de mi hijo menor.  Sentí el estrés equivalente al que sentí durante los exámenes comprensivos para el doctorado.  La generosidad infinita de los amigos en llevarse diariamente cosas para el Goodwill,  o ayudando a limpiar el horno, raspar los pisos, pintar, empacar arte, y llevarse flores y frutillas para sembrar en sus jardines de recuerdo me llenó de mucha gratitud a la vez que se hacía más doloroso el separarme de ellos. 

Reflexioné sobre el por qué lo encontraba tan difícil mudarme de este lugar. Y es que, después de llegar de Cuba como inmigrante, nunca había vivido tantos años en ningún otro lugar. Educamos a los nuestros hijos en esta comunidad y crecí muchísimo como líder en mi puesto con colegas en la Universidad de Creighton.  El enero anterior me había graduado con el doctorado en psicología organizacional.  Los años en Omaha habían sido un tesoro. El futuro se veía borroso.

En un momento en que el dolor de partir se sentía aún más agudo, una amiga sabia me aconsejó: ‘Déjate abrir a lo nuevo.’   Me impactaron profundamente esas palabras sencillas. Sonaba tan fácil, ‘abrirme a lo nuevo.’  Pero sentí resistencia en mí como la tierra arcillosa que se resiste a las semillas que deseo sembrar en el jardín de la casa que estamos alquilando.  Experimenté una ansiedad que no había conocido antes.  Me sentía que no podía confiar en que “Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman.”  Traté de ‘ofrecerlo a Dios’ como mi Mami me había enseñado hacer con experiencias dolorosas. Recé en solidaridad con refugiados de Siria y centroamerica y otros desplazados de sus hogares sufriendo mucho más física y psicológicamente con condiciones de violencia y opresión. Hice una decisión consciente de confiar en mi compañero de vida quien tenía más claridad y paz sobre lo correcto de este paso en nuestras vidas, y decidí unirme a él en su práctica diaria de oración en silencio.

Hace muchos años escogí este modo de vida de acompañamiento con esta persona que ama los mandatos del Señor. Entramos libremente en una alianza donde proclamamos nuestra intención de crecer juntos  “hacia la plenitud del amor, dando testimonio de la presencia de Dios en este mundo.” Nos comprometimos mediante los votos a ser “fieles a liberarnos uno al otro para responder al Espíritu Santo, para nuestro bien y el bien de la familia humana.”  Las lecturas de hoy me hablan de esta alianza matrimonial y de nuestra práctica continua de discernimiento en la vida.

Los especialistas bíblicos están casi seguros que San Mateo estaba refiriéndose a las escrituras  y tradiciones judías cuando habla de las “cosas antiguas” (Mateo 13:52),  y  con “las cosas nuevas” se refería a las enseñanzas de Jesús sobre el reino de Dios. Algunos estudiosos bíblicos creen que ‘lo antiguo’ se refiere también a las enseñanzas de Jesús, y lo Nuevo es lo que viene después de la crucifixión para la comunidad Cristiana tratando de responder a los desafíos de ser fiel y vivir de acuerdo a los valores del reino de Dios en el mundo.

Apertura a lo nuevo en esta transición de mi vida ha venido despacio para mí esta vez, pero ha venido.  Estoy disfrutando de un trabajo muy interesante donde puedo ‘sacar cosas nuevas y antiguas’ de adentro de nuestra tradición Cristiana en la formación de nuevos líderes Cristianos.  Estamos viviendo cerca de una dinámica y dotada joven pareja, nuestro hijo y su esposa, los dos en ministerios de justicia, con dos niñitos a quienes cada día  conocemos y amamos más, así como con una comunidad y naturaleza muy diversas e interesantes.

Aprecio de una manera nueva la tensión y el ‘baile’ de sacar de la reserva lo antiguo y descubrir, crear, y dar a luz lo Nuevo. Estamos en un tiempo de lucha. Se siente la urgencia de practicar la justicia en comunidad e incluir en nuestras prioridades las prácticas de sanar el planeta.

“¿Entiendes todas estas cosas?” nos pregunta Jesús. Cuánto quisiera contestar un “sí” lleno de confianza como parece que los discípulos respondieron. Es un tiempo muy confuso.  Vamos a orar:

Danos pues, oh amoroso Dios, a nosotros tus servidores, la capacidad de juzgar bien y de decidir entre lo bueno y lo malo. Ayudanos a saber dicernir en los momentos cuando confrontamos nuevas oportunidades desafiantes. Hemos escogido a tu reino como lo mas importante en nuestras vidas. Ayudanos a ser fiel en amar y servir.

First Reading

1 Kgs 3:5, 7-12

PSALM

Ps 119:57, 72, 76-77, 127-128, 129-130

Second Reading

Rom 8:28-30

GOSPEL

Mt 13:44-52
Read texts at usccb.org

Maria Teresa Gastón

Maria Teresa is an organizational psychologist and ICA certified ToP facilitator specializing in facilitation of collaborative discernment and decision-making. She received a BA in theology from Marquette University, an MA in Hispanic/Latinx theology and ministry through Barry University, and an MA/PhD in industrial/organizational psychology from the University of Nebraska at Omaha. Maria Teresa served for many years in social ministry in Immokalee, Florida and at Creighton University in Omaha, Nebraska. She and her spouse, John Witchger, have three sons Felipe, Martin, and Luke and two grandchildren, Micaela and Theo. Maria Teresa lives in Durham, North Carolina where she directs Foundations of Christian Leadership, a formation program for Christian social innovators through Leadership Education at Duke Divinity School.

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