Feast of Our Lady of Guadalupe

December 12, 2019

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Feast of Our Lady of Guadalupe

Jutta

Jutta

Today, December 12th, we celebrate the Feast of Our Lady of Guadalupe whose importance, in Latin American countries in general and in Mexico in particular, is undeniable. A devotion that provided hope, solidarity and strength in response to the dramatic context of oppression, confusion and suffering caused by the conquest and the colony.

A figure that managed to be equally significant for natives, Spanish and Creole; and served as one of the most important symbols around which the Mexican identity was built, so much, that it worked as banner in the struggle for the independence of my country.

Under the shelter of the Guadalupana, a lot of Mexicans and Latin Americans have entrusted ourselves to her care, we have become stronger in our fights and we have sympathized with those most in need because we have accepted the mystery of God in our lives.

Indeed, precisely in the most important Marian feast for my people, I want to underline the human aspect of our Lady, because of the relationship and the meaning that this has or can have in the experiences and expressions of Catholics.

Thus, the reading of the gospel reminds us of two fundamental facts in the Christian experience. First, God's initiative to reach our lives, as it came to Mary more than two thousand years ago; second, the need for the human response to accept his offer to dwell among us. For this reason, the fiat of the Virgin is so significant that, despite the legitimate disturbance due to the weird message and recognizing that, behind the words of the angel, comes something until that moment unknown and confusing, she gives a sustained yes that transformed her life and the history of humankind.

Certainly, God loves us in such a way that he always searches for us, but only as a proposal, as a respectful constant invitation to receive from Him the life that he gives us with full hands, but indeed that depends on our free will to materialize that transformation. Therefore, it is up to us and ourselves to accept the grace that comes from Above and allow it to grow in our core and to be delivered to the whole of humanity, without distinction, exclusion or petty favoritism, and preferably for those most in need for their conditions of oppression, injustice and suffering.

Although, the Father has already given us salvation through the Son in the Holy Spirit, it needs to be fulfilled through men and women who, recognizing in ourselves the wonders that God has done in our stories, we commit ourselves with the physical, social, economic and cultural spaces in which we live, especially with the life and future of the less favored

The experience of recognizing and accepting that the mystery of God lives among us is a source of joy as affirmed by the reading of Zechariah, a joy that is necessarily communal and historical, that touches our lives, that humanizes our existence, that pushes us to be there for others without denying our own happiness; joy which we celebrate especially on this day in the manifestation of the Guadalupana in Latin lands and that is present in us and in everyone who invokes and recognizes her as a loving mother who cares, protects and inspire us.

To avoid childish triumphalism, the Revelation reading reminds us of the need to be always alert. Even-though Christ overcame evil, this is always setting traps, with its disguise of success, power and wealth; with the fear and uncertainty that it produces, with its important capacity for destruction and with its eternal desire to prevent God's presence and project from being achieved in history. Evil that manifests itself in those excluded from the globalized world, in the victims of sexual abuse and human trafficking; in those expelled from their countries because of war, insecurity, injustice and lack of opportunities.

But the psalm also reminds us that we are able to recognize when the mystery of God germinates and bears fruit in others. In them we recognize the light they give us, the strength they give us, the hope they give us and the certainty of God's actions in history.

Sisters and brothers, on this Feast of Our Lady of Guadalupe, I invite you to allow, as the Virgin did, that the love of God germinates in each one of us, emerge in our relationships, give strength and meaning in human history and transform the culture of death to a full living space for everyone

Hoy 12 de diciembre celebramos la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe cuya importancia en los países latinoamericanos en general y en México en particular es innegable. Una devoción que proporcionó esperanza, solidaridad y fortaleza como respuesta al dramático contexto de opresión, confusión y sufrimiento causado por la conquista y la colonia.

Una figura que consiguió ser igualmente significativa para indígenas, españoles y criollos; que sirvió como uno de los símbolos más importantes alrededor de los cuales se construyó la identidad mexicana, tanto, que funcionó como estandarte en la lucha por la independencia de mi país.

Bajo el resguardo de la Guadalupana, una considerable cantidad de mexicanos y latinoamericanos nos hemos confiado a su cuidado, nos hemos fortalecido en nuestras luchas y nos hemos solidarizado con las y los más necesitados porque hemos aceptado el misterio de Dios en nuestras vidas.

En efecto, precisamente en la fiesta mariana más importante para mi pueblo, quiero subrayar el aspecto humano de la Virgen, por la relación y el significado que esto tiene o puede tener en la experiencia y la expresión de las y los católicos.

Así, la lectura del evangelio nos recuerda dos hechos fundamentales en la vivencia cristiana. Primero, la iniciativa de Dios por llegar a nuestras vidas, como llegó a María hace más de dos mil años; segundo, la necesidad de la respuesta humana para aceptar su ofrecimiento de habitar entre nosotros, entre nosotras. Por esto, es tan significativo el fiat de la Virgen que, a pesar de la legítima perturbación por lo extraño del mensaje y de reconocer que atrás de las palabras del ángel viene algo hasta ese momento desconocido y de suyo conflictivo, da un sí sostenido que transforma su historia y la historia de toda la humanidad.

Ciertamente, Dios nos ama de tal manera que nos busca siempre, pero solo como propuesta, como respetuosa invitación constante para recibir de Él la vida que derrama a manos llenas, pero que depende de nuestra libre aceptación voluntaria para concretarse en nuestro devenir. Por ende, a nosotras y a nosotros nos corresponde aceptar la gracia que viene de lo Alto y permitir que crezca en nuestras entrañas para ser entregada a la humidad completa, sin distinción, exclusión o favoritismo mezquino, pero preferencialmente para quienes la necesitan con mayor urgencia y sentido por sus condiciones de opresión, injusticia y sufrimiento.

Si bien, el Padre ya nos entregó la salvación por medio del Hijo en el Espíritu Santo, ésta necesita concretarse a través de hombres y mujeres que, reconociendo en nosotros mismos, en nosotras mismas las maravillas que ha hecho Dios en nuestras historias, nos comprometemos con el espacio físico, social, económico y cultural en el que habitamos, especialmente con la vida y el futuro de los menos favorecidos

La experiencia de reconocer y aceptar que el misterio de Dios habita entre nosotros y entre nosotras es fuente de regocijo como afirma la lectura de Zacarías, alegría que necesariamente es comunitaria e histórica, que toca nuestras vidas, que humaniza nuestra existencia, que nos empuja a ser para las y los demás sin negar nuestra propia felicidad, que celebramos especialmente en este día por la manifestación de la Guadalupana en tierras latinas y que se nos hace presente en todo aquel que la invoca y reconoce como madre amorosa que cuida, protege e impulsa.

Para evitar el triunfalismo infantil, la lectura del apocalipsis nos recuerda la necesidad de estar siempre alertas. Pues si bien, Cristo venció al mal, este se encuentra siempre al acecho, con su disfraz de éxito, poder y riqueza; con el miedo y la incertidumbre que nos produce, con su importante capacidad de destrucción y con su eterno deseo de evitar que la presencia y el proyecto de Dios se concrete efectivamente en la historia. Mal que en nuestro contexto se manifiesta en los excluidos del mundo globalizado, entre las víctimas de abusos sexuales y del tráfico de personas; entre los expulsados de sus países a causa de la guerra, la inseguridad, la injusticia y la falta de oportunidades.

Pero el salmo también nos recuerda que somos capaces de reconocer cuando el misterio de Dios germina y da frutos en otros y en otras. En ellas y ellos reconocemos la luz que nos brindan, la fortaleza que nos dispensan, la esperanza que nos contagian y la certeza del actuar de Dios en la historia

Hermanas y hermanos, en esta solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe nos invito a permitir, como en la Virgen, que el amor de Dios germine en nuestra persona, aflore en nuestras relaciones, de fortaleza y sentido en la historia humana y transforme la cultura de la muerte en un espacio de vida plena para todos y todas

Así sea.

First Reading

Zec 2:14-17 or Rv 11:19a; 12:1-6a, 10ab

PSALM

Judith 13:18bcde, 19

Second Reading

GOSPEL

Lk 1:26-38 or Lk 1:39-47
Read texts at usccb.org

Jutta Battenberg Galindo

Jutta Battenberg Galindo is Professor of Theology at the Universidad Iberoamericana (UIA) and at the Franciscan Institute of Philosophy and Theology (IFFT) of the Province of the Holy Gospel in Mexico City since 2006. She is also director of the Center for Human Development and Spirituality Domus Vitae, AC.

She earned her doctorate degree in Theology at the Pontificia Universidad Javeriana in Bogotá, Colombia. She holds a master’s degree in Educational Awareness with a Gestalt approach and specialized in human development and Gestalt Psychotherapy at the Humanistic Institute of Gestalt Psychotherapy (IHPG) in Mexico City and holds a bachelor's degree in Theological Sciences from the Universidad Iberoamericana (UIA) in Mexico City.

She is a member of the research group in Moral Theology, eTHEOS, of the Universidad Iberoamericana and Catholic Theological Ethics in the World Church as well as founder and president of the Association of Graduates of Theology of the Universidad Iberoamericana (ASETI).

As a specialist in Human Development, Gestalt Psychotherapy, and Theology, she is a regular guest on radio and television, as well as facilitator of human development workshops especially for women, vulnerable groups, and religious, mainly in rural areas and urban peripheries, as well as dedicating herself to psychotherapeutic practice.

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